La responsabilidad del antropólogo hacia el Saber y la Ciencia. Código de ética AAA

Código de ética de la
American Anthropological Association

Laura Mercedes Arcos Rey

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B. La responsabilidad hacia el saber y la ciencia

 

Comentario de texto sobre el punto B2 del Código de Ética de la AAA

“Los antropólogos son responsables de la integridad y buena fama de su disciplina, de la academia y de la ciencia. Así, están sujetos a las reglas morales generales de la conducta científica y académica: no deben engañar o representar de manera falsa, conscientemente (i.e., fabricar pruebas, falsificar, cometer plagio), ni intentar impedir que se informe sobre la mala conducta, ni obstruir la investigación científica/académica de otros.”

El fragmento a comentar pertenece al Código de Ética de la American Anthropological Assotiation aprobado en la revisión de febrero de 2009. Este código pretende sentar unas bases éticas, no unas normas estrictas ni legales, para llevar a cabo los proyectos antropológicos, desde la propuesta inicial hasta la difusión de sus resultados, incluyendo también unas directrices éticas dirigidas hacia la relación profesor/mentor-alumno en el campo de la antropología.

La directriz que comentaré, está incluida en el punto III del código, la investigación, en el apartado referido a “la responsabilidad del antropólogo hacia el saber y la ciencia”. Trata concretamente de la responsabilidad que tiene el antropólogo de no dañar “la integridad y buena fama de su disciplina, de la academia y de la ciencia” y para ello el código lo articula con los siguientes puntos B3-6 analizando las diferentes perspectivas desde las que preservar el buen nombre de la Antropología.

El antropólogo no debe “quemar el campo” para posibilitar futuras investigaciones, tratando por todos los medios de no faltar a las reglas morales generales a las que está sujeto como científico, cuya herramienta principal de trabajo es el ser humano (como dice Nancy Konvalinka). No debe vulnerar la autonomía de las personas estudiadas, falseando u ocultando la información relativa al estudio que va a realizar o sin el debido y correcto consentimiento informado, con el fin de no violar la capacidad del sujeto de estudio de ejercer el autogobierno, poder alcanzar una comprensión, razonamiento, reflexión y elección independiente, respecto del estudio al que va a ser sometido.
Siguiendo en la perspectiva del campo de trabajo, el antropólogo no debe transgredir de ninguna manera el principio de no-maleficencia, principio fundamental básico en nuestra disciplina, es decir, no dañar intencionadamente ni someter a las personas estudiadas a riesgos inaceptables. Toda acción en contra de este principio, no sólo perjudica a la disciplina, sino que las repercusiones humanas pueden llegar a ser inexcusables.

Desde la perspectiva profesional, la honestidad y transparencia con los interesados en la investigación, la utilización apropiada de sus resultados y el permitir el acceso a los datos obtenidos y la conservación de éstos; sin falsificarlos, fabricarlos o plagiar el trabajo de otros científicos, nos lleva al principio de justicia en tanto que ofrece un marco sobre y desde el que el antropólogo decide cómo distribuir bienes, recursos, derechos, deberes y oportunidades, en este caso, los datos obtenidos con la investigación en concreto.

Para huir de tanta abstracción que no hace más que dificultar cualquier explicación de la ética, podemos relacionar este punto, desgraciadamente por la ausencia de ella, con algunos casos reales.

Un caso sobresaliente en la falta de ética que vulneró el principio de autonomía de las personas estudiadas, así como el principio por excelencia de la no-maleficencia, es el conocido como “estudio Tuskegee sobre sífilis de los servicios públicos de salud”, un estudio clínico llevado a cabo en Tuskegee, Alabama, por el Servicio Público de Salud de Estados Unidos.
El experimento se prolongó durante 40 años, desde 1932 hasta 1972 y consistió en observar la evolución natural de la sífilis si no era tratada. Para ello 399 varones afroamericanos fueron infectados, engañando a los participantes los cuales no dieron su consentimiento informado ya que en lugar de informarles, fueron engañados diciéndoles que tenían la llamada “mala sangre” y que con ese procedimiento serían tratados gratuitamente. Del grupo de infectados murieron 28 hombres, 100 tuvieron complicaciones, 28 de sus mujeres fueron infectadas y 19 niños contrajeron la enfermedad al nacer.

tuskegee

Este experimento es un ejemplo de investigación maleficiente, en que se violó la autonomía de las personas estudiadas al coartar su libertad de decisión por falta de datos y engaño. Desde luego es también un ejemplo de falta de responsabilidad para con la ciencia, mancillando su buen nombre y “quemando el campo” para futuras investigaciones. De esta atrocidad surgió el llamado Informe Belmont que sienta bases bioéticas, ampliando las bases ya sentadas por el Código de Nuremberg.

Otro caso de ética dudosa y dentro de nuestra disciplina académica, es el del proyecto llamado Human Terrain System, que pone “la integridad y buena fama de su disciplina, de la academia y de la ciencia” en grave peligro. Dicho Programa de Terreno Humano se trata de un proyecto militar que se está llevando a cabo en Afganistán e Irak por el Ejército de EEUU desde el año 2006 hasta la actualidad, con el supuesto fin de desarrollar, mediante la colaboración de profesionales de la antropología, un mejor entendimiento sociocultural en el campo. Roberto González, antropólogo crítico con el HTS, afirma que “no cree que haya lugar para un antropólogo en misiones de combate” y que “Eso está completamente en contra de las directrices éticas de la antropología definidas por el código de ética de la AAA”.

Mi opinión personal respecto a este punto del código no puede ser más que positiva, sí creo que la Antropología como disciplina, tras el nacimiento dudosamente ético de esta, enlazado con el colonialismo y el etnocentrismo, debe restaurar su fama. La ética en los antropólogos es vital para poder desarrollar una profesión que pueda devolver al ser humano todo lo que nos aporta el ser humano a los antropólogos como profesionales y como seres humanos que también somos.

Laura Mercedes Arcos Rey

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

García Alonso, M.: (Curso 2013-2014) “Principios éticos básicos y su funcionamiento en el campo antropológico”. Madrid. UNED-Humanidades.

FUENTES DIGITALES

Estudio Tuskegee: http://es.wikipedia.org/wiki/Experimento_Tuskegee (20/01/2014)

Palabras de la profesora Nancy Konvalinka: http://www.canaluned.com/mmobj/index/id/3527 (21/01/2014)

Roberto González respecto al HTS: https://sites.google.com/site/noticias001/012 (21/01/2014)

Human Terrain System (HTS): http://humanterrainsystem.army.mil/        (21/01/2014)

IMÁGENES:

1. http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Logo_of_the_American_Anthropological_Association.png      (10/01/2014)

2. http://elmiradorimpaciente.blogspot.com.es/2010_10_01_archive.html (21/01/2014)

2 Respuestas a “La responsabilidad del antropólogo hacia el Saber y la Ciencia. Código de ética AAA

  1. Está genial Laura

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