Rituales de iniciación al no-ser

Englobado dentro del análisis etnográfico de los campos de Auschwitz, dirigido por Paz Moreno Feliu y publicado bajo el título “En el corazón de la zona gris. Una lectura etnográfica de los campos de Auschwitz”; el presente ensayo tratará especialmente el tercer capítulo del libro, rituales de iniciación al campo,  a los que eran sometidos los prisioneros en el campo de exterminio de Auschwitz en el Holocausto. (Moreno, 2010)
El estudio se realizó en base a técnicas y formulaciones teóricas propias de la Antropología Social y fundamentado en las memorias de las víctimas.
El objetivo de la monografía es, desde una lectura social, tratar de descifrar la estructura de la sociedad dentro de los campos de exterminio, por tanto usará el término “normalidad” de la vida cotidiana como prisionero, en contraste con la “normalidad” de cualquier sociedad donde los individuos son dueños de sus libertades. Dentro de estas estructuras se encuentran los ritos de paso utilizados dentro de las sociedades para marcar los cambios de un modo de vida a otro o entre diversos estatus (positivos y negativos) a lo largo de la vida.

El primer análisis sistemático sobre estas ceremonias y rituales, lo hizo Van Gennep (1986) en 1909, y en él estableció una estructura de tres fases compartida en todos los ritos (que continúa vigente), que distingue el periodo de separación, en el cual se separa al individuo del resto de su sociedad; el periodo marginal, también llamado liminal, fase intermedia o de transición gobernada por la ambigüedad; y el periodo de agregación, donde vuelven a integrarse a la sociedad como un ser diferente o a una nueva sociedad, y como dice Turner (2002), este rito de paso, no siempre se refiere a una elevación sino que también puede tratarse de una degradación.

En el caso de los rituales de iniciación de Auschwitz, estos rituales están enfocados en la degradación y humillación del individuo, igual que suele darse en las ceremonias de iniciación a la esclavitud, para simbolizar la muerte social, como la nombra Patterson (1982), en la sociedad conocida hasta entonces y la iniciación a la nueva sociedad del campo como “hombres desplazados del género humano como si fueran animales”. (Kracauer, 1960)
Los memorialistas suelen relatar su iniciación con una misma estructura narrativa: Vida cotidiana (normalidad); ciclo de iniciaciones (rituales de humillación entrelazados); cotidianeidad interna del campo (normalidad). De estos relatos se descifran dos agrupaciones o ciclos de rituales que siguen el esquema de los ritos de paso.

Como muestra el esquema de Moreno (2010), la Primera fase integra la detención, la muerte social de la vida anterior y la concentración del individuo en guetos y prisiones.
En esta fase, previa a la llegada al campo, las memorias describen que los individuos eran totalmente ajenos al ritual que estaban iniciando. El momento de la detención presenta diferencias dependiendo de si se trataba de un prisionero político o de un civil.
Los primeros pasaban por las celdas de la Gestapo y eran sometidos a terribles torturas, antes de ser llevados (si sobrevivían) a centros de confinamiento.
Los civiles eran detenidos, bajo la premisa de higiene racial, a veces individualmente pero mayormente en grupo familiar o por comunidades, y recluidos en centros en el país de origen, los situados lejos de la Alta Silesia. Otras veces ya venían de un largo proceso de pérdida de derechos, aislamiento y finalmente marginación en guetos, los que vivían en Alemania y el Este de Europa.

Ya esta fase denota la angustia de un futuro incierto. En los centros de confinamiento o guetos, convivían familias enteras que aumentaban en número en pocas semanas y se aferraban a la unidad de su comunidad, amigos o familias que se encontraban en el mismo lugar, con la esperanza del dicho “la unión da la fuerza”, para seguir resistiendo.
En esa situación se encontraban cuando llegaba la noticia traída por una pequeña sección de las SS, que anunciaba la deportación con órdenes de prepararse para el viaje, como relata el superviviente Primo Levi (1987).

Siguiendo con el esquema de Moreno, la Segunda fase (Marginalidad) se perpetuaba con el transporte en trenes a Auschwitz. El destino y la finalidad, era una incógnita para los que tenían que viajar, a quienes se les ordenaba que debían prepararse para un largo viaje. Los prisioneros alistaban los equipajes para sus familias, a la vez que oraban o se embriagaban despidiéndose a su modo de la vida, como explica Levi. (Ibíd.)

Las condiciones del transporte eran penosas, eran transportados de pie en vagones de ganado, sin agua ni comida, con el frío del Este de Europa. Levi nos cuenta cómo seiscientas cincuenta personas se trasladaron hasta Auschwitz en un viaje de cinco días, en “vagones de mercancías, cerrados desde el exterior, y dentro hombres, mujeres, niños, comprimidos sin piedad, como mercancías en docenas, en un viaje hacia la nada” (…) “uno de los famosos trenes de guerra alemanes, los que no vuelven, aquéllos de los cuales, temblando y siempre un poco incrédulos, habíamos oído hablar con tanta frecuencia”. (Ibíd.)

Stangl, el comandante del campo de exterminio de Treblinka, consideraba a los llegados en los trenes como “mercancías” con el fin de “que les fuese posible hacer lo que hicieron”. (Sereny, 1978) Al negar su condición de ser humano, esas “mercancías” a destruir, debían ser sometidas y colaborar en los planes trazados como la cotidianeidad y normalidad en Treblinka como en Auschwitz.

Este viaje infernal “hacia el Este”, es el último momento para los prisioneros, sin ser conscientes de ello, de convivencia con los familiares y conocidos. Y posteriormente, como se desprende de las memorias, será la unidad de cuenta para los supervivientes. La última fecha recordada con precisión, el último momento con consciencia de la cantidad de familiares unidos, la cantidad de personas en el tren como veíamos en Levi, o la cantidad de esas personas que viajaban en el tren y que han sobrevivido al Holocausto.

La Tercera fase: La rampa / selección que describe Moreno, corresponde al periodo de agregación a la nueva sociedad en la que eran insertados por la fuerza.

Al llegar al andén de Auschwitz se producía la separación de las familias. Primo Levi (Ibíd) hace una descripción detallada de la brusquedad de esta llegada y la desorientación y desconcierto de la serie de órdenes gritadas por los soldados en un idioma extranjero para él.
En el testimonio de Bertalan Steiner, en Akinín Levy, explica la perplejidad ante el trato de los presos veteranos que acudían a buscar las maletas y la desesperación del momento en que separaban a las mujeres de los hombres, teniéndose que despedir en ese momento de su madre y hermana, sin saber qué pasaría con ellas a partir de entonces.

Al bajar del convoy, hombres, mujeres, ancianos y niños eran separados; sólo a algunos les hacían las preguntas “¿Cuántos años? ¿Sano o enfermo?” y les mandaban a un lado o a otro formando filas a derecha e izquierda. La fila de la derecha eran los declarados aptos para el trabajo, aunque ellos lo ignoraban. La fila de la izquierda, donde habían destinado a ancianos y niños, era cargada en camiones y llevada a las cámaras de gas, disfrazadas de duchas para facilitar el ingreso de los prisioneros.

En el momento de la llegada al campo, con cansancio, hambre, sed, frío y miedo, sólo perciben la pérdida de referencias. No saben dónde están, dónde les llevan, a dónde llevan a sus parientes y conocidos. Ignoran el significado de lo que están viviendo, aunque posteriormente cobrará sentido.

entonces la esperanza que les había sostenido todo el camino hasta aquí era solo una fantasía, una ilusión. (…) este opio que había mantenido el ánimo durante el viaje, ha dejado de actuar…(Gradowski, 1992)

La rampa es considerada el final del primer rito, aunque tiene el carácter ambiguo de las etapas intermedias, ya que no se trata de una reinserción con un nuevo estatus en el universo cultural conocido, que acaban de dejar atrás, sino que es a la vez el inicio del segundo ritual atroz de iniciación a los campos, en que todos comprenden que ese es el final de la vida como la habían conocido hasta ahora.

En el segundo rito de paso, la Primera fase integra, como explica Moreno, la rampa después de la selección y la primera noche en el campo; esta segunda iniciación refuerza las fases previas, equiparando esta primera con la muerte social de la detención, pero con un final que deja de ser simbólico, sino físico, para sus familiares a los que situaron en la otra fila (que representaba la mayor parte de los que venían en el transporte).

En la Segunda fase se inician las ceremonias de humillación. Este periodo marginal de degradación y humillación era llevado a cabo por otros prisioneros veteranos.
En la situación precaria en que llegaban del transporte, les hacían esperar de pie en una sala donde les ordenaban desnudarse y acomodar sus ropas con cierto orden, les quitaban sus objetos personales, relojes, alianzas, fotografías o cualquier recuerdo que todavía pudiera unirles a la conciencia de la persona que eran antes de Auschwitz.

En esos momentos, como explica Levi, todavía se cruzan por la mente preguntas que pertenecen a su universo anterior, todavía quedan perplejos con órdenes y acciones incoherentes, “quitarnos los zapatos pero tener mucho cuidado para que no nos los roben (…) Llega uno con una escoba y barre todos los zapatos, fuera de la puerta, en un montón. Está loco, los mezcla todos, noventa y seis pares, estarán desparejados.” (Levi, 1987)

Otros prisioneros les afeitan con navajas las cabezas, desinfectan y envían a las duchas, con largas esperas entre una cosa y otra, tiempo en que sus mentes bullen de preguntas sin respuesta.
Una vez despojados de sus objetos más íntimos e incluso de la imagen de sí mismos, les dan unos uniformes a rayas, sucios y raídos, usados por otros presos, unos zuecos de madera en el caso de tener suerte y restos de ropas.

Por último les tatúan un número identificador en el brazo, con triángulos en la ropa para identificar su jerarquía, ya no serán llamados por sus nombres.

Häftling: me he enterado de que soy un Häftling. Me llamo 174517; nos han bautizado, llevaremos mientras vivamos esta lacra tatuada en el brazo izquierdo.”
Finalmente les adjudicaban una barraca para dormir.
Al terminar, nos quedamos cada uno en nuestro rincón y no nos atrevemos a levantar la mirada hacia los demás. (…)Ya estamos transformados en los fantasmas que habíamos vislumbrado anoche.” (Levi, 1987)

En esta segunda fase es cuando los recién llegados, por boca de los presos que les están sometiendo a las humillaciones entre golpes y gritos brutales, se enteran de lo ocurrido con sus familiares con frases que banalizan esas muertes como “ya son humo y cenizas”, ya habrían salido por la chimenea. Es en ese momento en que toman conciencia de lo sucedido en la selección de la rampa con sus familiares y compañeros de convoy y eso pulveriza sus mentes, se suma el horror y la tristeza por la pérdida a la culpabilidad por ser un superviviente.

En su universo social anterior, ese momento sería dedicado al rito funerario de asimilación de la pérdida de un ser querido, pero en Auschwitz, dado que su fin es la destrucción, no había lugar para la muerte, ya que la abstracción del término había desaparecido al desvanecerse las referencias culturales y rituales propias del luto.
Auschwitz no ofrecía lugar para pensar en la Muerte, era el acto mismo de morir, carente de toda referencia estética, incapaz de narrarse en una épica.” (Améry, 1980)

Entonces llegan a la Tercera fase como Häftling, prisionero del Lager (campo). Se habían convertido en un número tatuado, con las marcas y emblemas de su nuevo estatus, un uniforme que le convierte en esa masa informe, la cabeza afeitada y golpes.

En ese momento el prisionero ya no es el ser humano que era y toma conciencia de su nuevo estatus, de su nueva sociedad y de sus nuevas normas con una pena de muerte que se alargará en base al azar de no ser seleccionado para gasearlo.
El engranaje de Auschwitz completa su deshumanización, aleja a la víctima de la autoconciencia de ertenencia a la especie humana, para transformarse en ese número, un individuo atomizado empíricamente con una pérdida absoluta de identidad personal que se suma a la desintegración social de lo que hasta entonces habían sido su entorno.

En casi todas las memorias, las víctimas se detienen en el momento brutal en que conocen lo que ha ocurrido con sus parientes y conocidos; y se quiebra todo el universo social y cultural conocido.
No se trata de un ritual de iniciación en que se da una transformación social y biológica dentro del continuo temporal, sino de una ruptura permanente con la existencia social conocida.

Finalmente, de los testimonios sobre los campos, pueden distinguirse tres períodos que abarcan toda la vivencia. A esta estructura, Moreno la llama “El ciclo imposible”.

Primer periodo de Separación: detención, transporte, selección.
Segundo periodo, Marginal o liminal: iniciación al campo, prisionero, azar/estrategias de supervivencia.
Tercer periodo de Agregación: Liberación, curación, regreso a la vida social.

Según la estructura que presentan las memorias, tendríamos que considerar que el periodo marginal, el paso por el campo, sería una iniciación que concluye con la liberación; lo que no podemos interpretar es el fin de esa iniciación.

En un análisis de memorias de presos políticos, Morand (1976) afirma que siguen un patrón narrativo del momento de la liberación era como la calma después de la tormenta, otorgándole una linealidad (vida anterior-Auschwitz-vuelta a vida anterior), ya que pretende unificar las vivencias de los prisioneros en los campos en su totalidad, en el esquema de los ritos de paso de Van Gennep1, que no se corresponde según los relatos de la mayoría de los supervivientes respecto a cómo recibieron la liberación y de cómo afrontaron y afrontan la vuelta al universo social a que habían pertenecido antes de Auschwitz.

Otras versiones, que presentan Auschwitz una quiebra incalificable, sin posibilidad de dejar atrás el conocimiento venenoso de lo allí ocurrido,  ni sentimiento de heroicidad en la supervivencia.

La normalidad del universo de Auschwitz a la que habían integrado los supervivientes, Levi la atribuye a un cambio en el parámetro moral, que permitía seguir esas condiciones con menos sufrimiento que en una situación normal.
Describe que ante la liberación los primeros sentimientos que afloraban eran de culpa y vergüenza por haber formado parte, aunque fuese forzadamente, de ese universo inconcebible y que esos sentimientos, no podrían ser lavados jamás.

O como describe Charlotte Delbo (1965) el yo presente, controlado por la mémorie ordinarie y el yo de Auschwitz, controlado por la mémorie profonde coexisten en el ahora, mantiene el yo de Auschwitz como era entonces, con las dos “normalidades”, la del universo social actual y la del universo social del lager, como Normalidad.

Según mi opinión (como persona que todavía no se ha adentrado en el conocimiento académico de la Antropología), resulta imposible embutir entre esos obstáculos de la definición de rito de paso, la persecución, la pérdida de libertad, la deshumanización y animalización, la relación cotidiana con la muerte y la amoralidad, los años de hambre, frío, miedo, vacío y una cantidad ingente e inimaginable de atrocidades por las que pasaron los prisioneros en Auschwitz y volver a la sociedad original sintiendo que aquello otorga estatus más elevado que el anterior al lager.

Levi (1988) al inicio de su libro La Tregua, nos muestra en un poema el dolor de ser superviviente.

Soñábamos en las noches feroces

Sueños densos y violentos

Sokados con el alma y con el cuerpo:

Volver; comer, contar lo sucedido.

Hasta que se oía breve sofocada La orden del amanecer:

            “Wstawac’”;

Y el corazón se nos hacía pedazos.

 

Ahora hemos vuelto a casa,

Tenemos el vientre ahíto,

Hemos terminado de contar nuestra historia.

Ya es hora. Pronto escucharemos de nuevo

La orden extranjera:

            “Wstawac’”.

 

Como conclusión queda señalar que el aprendizaje que nos deberían legar los análisis de testimonios, es el no volver a traspasar los límites de la mente como dice Améry, pero que al ser humano, que ha sido capaz de crear tales atrocidades, no le está resultando posible ya que posteriormente ha habido campos de concentración en la URSS, Argentina, Uruguay, Chile y atrocidades provocadas por la presencia en especial de los desarrollados y civilizados europeos como en Ruanda, Burundi y una cantidad inasimilable de puntos de nuestro “amado” o más bien querido globo terráqueo.

Laura Arcos Rey

 

CITAS Y REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

 

[1] En nuestra cultura un rito de paso significa que, el que se va a iniciar pasa por una serie de obstáculos o pruebas que supera y vuelve a su universo social original, como una nueva persona o con un nuevo estatus y reafirmado en sus convicciones.

Akinín, S. Bandi sobreviviente de Auschwitz. http://www.estudiargratis.com.ar/samuel-akinin/auschwitz.htm

Améry, J. 1980. At the mind’s limit [1966]. Bloomington. Northeastern University Press.

Delbo, Ch. 1965. Le convoy du 24 Janvier. París. Minuit.

Gradowski, J. 1992. Admist a Nightmere of Crime: Manuscripsts of Prisoners in Crematorium Squads found at Auschwitz. Oswiecim/New York. Panstowowe Muzeum.

Kracauer, S. 1997. Theory of Film: The Redemption of Physical Reality [1960]. United States. Princeton University Press.

Levi, P. 1987. Si esto es un hombre. Barcelona. Muchnik.
Levi, P. 1988. La Tregua. Barcelona. Muchnik.

Morand, B. 1976. Les écrits des prisionners politiques. París. PUF.

Moreno, P. 2010. En el corazón de la zona gris. Una lectura etnográfica de los campos de Auschwitz. Madrid. Trotta S.A.

Patterson, O. 1982. Slavery and total Death. Harvard. HUP

Sereny, G. 1978. En aquellas tinieblas: de la eutanasia al genocidio. Madrid. Unión

Turner, V. 2002. “Passages, Margins and Poverty: Religious Signs of Communitas” en J. Vincent. The Antropology of Politics. Oxford. Blackewell.

Van Gennep, A. 1986. Los ritos de paso [1909]. Madrid. Taurus.

2 Respuestas a “Rituales de iniciación al no-ser

  1. Ligia Monterroso

    Me motiva sobremanera encontrar este tipo de artículos que son abordados de manera profunda, profesional y desde diversas perspectivas y a pesar de ello mantener la sencillez para ser comprensibles por neófitos en el tema. Me agrada sobremanera que en el mismo se tomen en cuenta a los grandes teóricos que son autoridad en el tema de los ritos de iniciación, siendo Van Gennep y Turner.
    Gracias¡¡¡¡

    • Muchas gracias por tu comentario! Realmente no esperaba recibir ninguno.
      Soy estudiante de primero de Grado de Antropología y este comentario es uno de mis primeros trabajos, así que te estoy profundamente agradecida!
      Gracias!!!

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