El fenómeno de compartir

Comentario de texto del fragmento “El fenómeno de Compartir”

Capítulo 3, Cazadores Recolectores. Historia de la Antropología: Formaciones socioeconómicas y praxis antropológicas, teorías e ideologías. Ubaldo José Martínez Veiga, Ed. UNED, Madrid 2008

El fragmento del libro en el que se centra mi comentario, puesto que se trata de un libro para la formación de futuras antropólogas, se inscribe en el problema de la diferenciación entre el fenómeno de compartir y el fenómeno del intercambio y la reciprocidad mediante la descripción del primero especialmente, desde una perspectiva didáctica, y lo aborda desde los puntos de vista económico y social como uno de los fenómenos frecuentes en las sociedades de utilización inmediata de los recursos. Su argumento se basa en diversos estudios de diferentes autores y sociedades analizadas, apoyando o criticando las afirmaciones de éstos para dar luz a ciertas equivocaciones que se han convertido en dogma o presupuestos erróneos.

El autor presenta el texto aludiendo a un artículo publicado por James Woodburn (1988) bajo el título “El compartir no es una forma de intercambio: un análisis del compartir los bienes en las sociedades de cazadores-recolectores con utilización inmediata de los recursos”. El hilo de la disertación de Martínez Veiga, irá entrando y saliendo de las argumentaciones de Woodburn, a veces ampliando a veces comparando con otros estudios enfocados hacia la explicación del fenómeno de compartir.

Comienza subrayando el carácter revolucionario de los conceptos que presenta Woodburn, que difieren de ciertos prejuicios de la rama de la Antropología Económica, la cual engloba el compartir junto a los fenómenos del intercambio y la reciprocidad; y en contraposición, apoya la afirmación de Price (1975) al decir que “el compartir es la forma más universal de comportamiento económico humano, distinto y más fundamental que la reciprocidad”.
En esta primera parte enfoca el problema desde un punto de vista económico. Interpreta la economía desde una visión “materialista”, como aquello relacionado con causas de bienestar material y unilineal (Cannan, Marshall, Pareto).

A continuación, Martínez Veiga se centra en los problemas concretos, en los prejuicios respecto al fenómeno de compartir en estas sociedades y las causas de su existencia, entre los cuales explica el presupuesto erróneo de que “el compartir la carne cazada de animales grandes se da por practicidad, para no desperdiciarla, así como para asegurar ser receptor en un futuro”. El segundo presupuesto, se refiere a la idea de que cuando un cazador reparte aquello que ha cazado, recibe honores o reconocimiento por ello.

Aquí el autor comienza a introducir argumentos intercalados que invalidan estos presupuestos. Remitiéndose a Peterson (1993)  y Altman y Peterson (1988), explica que el compartir se basa en la exigencia por derecho del que recibe y la obligación del que reparte, no de la generosidad, y como derecho no implica reciprocidad. Refutando el primer presupuesto.
A esto agrega que el cazador con frecuencia, entre los cazadores-recolectores, no controla el reparto de la carne y por tanto no puede favorecer a nadie ni ganar poder con ello. Con esto invalida el segundo prejuicio.

Para apoyar estos argumentos, trae a colación varios datos etnográficos.
Entre ellos se encuentran los estudios sobre los Hazda de Tanzania (Woodburn 1998), los Chipweyan de América del Norte (Sharp 1981) o los !Kung del desierto del Kalahari (Lee 1979) y describe el carácter impersonal que dan a la autoría de la caza así como el reparto que frecuentemente es distribuido por personas ajenas a la caza del animal.

Con estos datos el autor explica que con los sistemas expuestos basados en el fenómeno de compartir (la práctica fundamental del reparto de la caza, la no acumulación de recursos y la no acumulación de honores ni deudas), se puede afirmar que se trata de un movimiento en una sola dirección que no espera devolución, opuesto a la reciprocidad y al intercambio que se trata de acciones de ida y vuelta.

Martínez Veiga, continúa documentando el compartir en diversas sociedades, como los Batek de Malasia (Endicott 1988) y su obligatoriedad, el pigziaq de los esquimales del noroeste de Alaska (Burch, 1988), que designa las transacciones de propiedad entre parientes. O entre los Buid de Filipinas (Gibson 1988), que puede clasificarse dentro de las sociedades basadas en el fenómeno de compartir en tanto que cada individuo comparte con el grupo de manera unilineal, pero puede basarse en la reciprocidad en tanto que cada individuo está obligado a compartir como requisito para formar parte del grupo, cosa que disiente con el puro compartir en que recibe de igual manera el cazador más diestro que el que nunca caza o las mujeres.

Ahora desde un enfoque social, el autor describe el caso de los Hazda y los !Kung, en el que se da un fenómeno que puede ser interpretado tanto desde el compartir como desde la reciprocidad y es el hecho de que en el reparto, la mejor carne “carne de los Dioses” es para los iniciados y la “carne de la gente” para el resto del poblado, lo cual podría llevar a plantearse el igualitarismo o no de ese compartir, ya que denota una diferencia social.

Ahondando en el carácter social y el igualitarismo tan preciado por estas sociedades de cazadores-recolectores, el autor detalla el sistema de intercambio “hxaro” de los !Kung, en el cual circulan objetos (no alimentos) que se intercambian, aunque sin equivalencia ni temporalidad, con el fin de crear lazos relacionales que les permitan visitar otros poblados en momentos de escasez en su territorio habitual (Lee 1979).

Como muestra el autor, las funciones del fenómeno de compartir pueden resumirse en que este tipo de economía les permite alcanzar un nivel elevado de libertad de la dependencia y subordinación, y con ello se evita precisamente la reciprocidad, limitando cualquier desarrollo de desigualdad en poder, riqueza y estatus.

Estas sociedades y sus economías y políticas sociales, desautorizan las afirmaciones de Mauss,  Lévi-Strauss o Sahlins que defienden la universalidad cultural total de la reciprocidad y el intercambio, ideas basadas en “La Riqueza de las Naciones” del economista Adam Smith.
Este hecho nos devuelve a definir la economía como un aprovisionamiento de la sociedad.

Por último, el autor expone el fenómeno de compartir entre los Ache de Paraguay (Hill y Hurtado 1999), con un sistema de compartir la caza de animales grandes, analizando el por qué se da esta caza, que tiene que ser tomada como un bien común, si en cambio la caza pequeña cubre su necesidad familiar y no tienen la obligación de compartirla. La respuesta vuelve a estar en el bienestar del grupo. No todos los miembros tienen permitido el acceso a esta caza y por tanto, no se beneficiarían jamás de ella si no fuese compartida por los cazadores de animales grandes.

Martínez Veiga, cierra el tema insistiendo en el carácter diferenciado entre compartir y reciprocidad o intercambio.
Así como subraya que el fenómeno de compartir también se da en otro tipo de sociedades como entre campesinos o sociedades industriales.

La manera de exponer el tema, aunque en la primera lectura del texto resulte abrumadora por la cantidad de datos, cobra sentido en tanto que muestra las diferencias que se dan en grupos de cazadores-recolectores con utilización inmediata de los recursos muy aislados entre sí, pero que muestran el fenómeno de compartir desde el mismo enfoque de beneficio para el grupo.
Es interesante la diferencia entre el significado del compartir en estas sociedades, que se basa en la obligatoriedad (integrada naturalmente) de unos y el derecho de otros; y el concepto del compartir que nos enseñan desde niños en las sociedades occidentales, que se basa en la generosidad. Desde luego parece que es más difícil de corromper su definición que la nuestra, puesto que es sabido que la “generosidad” occidental, incluso desde la buena voluntad, tiene un trasfondo subconsciente recíproco, ya que esperamos que esa generosidad sea devuelta.

El planteamiento de este tipo de economía y política social expuesto por Martínez Veiga, me hace pensar en los activistas que luchan por un cambio social alabando el trueque y el intercambio (yo era una de ellas hasta esta lectura), planteándolo como el modo perfecto de funcionar en una sociedad mejorada, y la poca diferencia que esto supondría respecto a la desigualdad social y el reparto del poder o riqueza ya que quien más tiene, más puede intercambiar y quien tiene poco, aunque surja el trueque, no deja de tener poco.

He quedado impresionada, y el autor realmente me ha abierto los ojos al respecto, con la existencia de mecanismos de defensa creados contra la desigualdad entre miembros de la misma sociedad, con el fin de evitar a toda costa la invasión del “mal” que ha encabezado la mayoría de guerras, fronteras adentro y fronteras afuera, que es la lucha por el poder.
El tema realmente da mucho más que pensar y analizar respecto al comportamiento de nuestras sociedades mal llamadas “civilizadas” en contraposición a las que mal nombramos “primitivas”.

Laura Arcos Rey

Reseñas bibliográficas

Las reseñas de todos los autores se encuentran en el libro “Historia de la Antropología: Formaciones socioeconómicas y praxis antropológicas, teorías e ideologías. Ubaldo José Martínez Veiga, Ed. UNED, Madrid 2008” (pág. 220-225)

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